Es cada cuatro años cuando durante un corto pero, eso sí, intenso de tiempo los componentes de la clase política de nuestro país saltan a la palestra para recabar el voto de los españoles.
Es un rito, como tantos, parecido a ese que tenía lugar cada año en Punxstawnwey (“El día de la marmota”). Todos los políticos se engalanan, los asesores de imagen hacen su particular agosto, las tertulias televisivas y radiofónicas no dejan de sonar monotemáticamente durante ese periodo, con los típicos visionarios discutiendo si ganará este partido o aquel. Bueno.