Palabras dirigidas a mis alumnos de 2º de Bachillerato, en el Acto de de su graduación
Querida comunidad educativa del Colegio CEU Jesús María y amigos todos:
Muy buenas tardes,
El arte de la oratoria se conoce por
este nombre porque es una forma de comunicación oral, pero esa forma de
comunicación oral tiene manifestaciones distintas: una cosa es una lección de
cátedra, una conferencia en un aula cultural, un informe forense, un sermón
religioso, un discurso político, una arenga, una arenga militar ya sea en el
patio de los cuarteles o en el campo de batalla.
Y yo quisiera que mi intervención de
esta tarde, hoy y aquí, tuviese un poco de todo, pero fundamentalmente de una
arenga confortadora y motivadora, porque tal es la importancia del momento que
estamos viviendo en esta tarde, de dar por finalizada una etapa y de empezar
vuestra propia andadura, que la ocasión merece que os llevéis en vuestro
interior algunas consignas que considero que son la recapitulación de todo lo
que considero que hemos intentado hacer que creciera en vosotros.
El problema que me encuentro estriba
en el qué deciros que no os haya intentado transmitir durante todos los
momentos compartidos. Con muchos de vosotros he compartido años de grupo de
confirmación, momentos entrañables y divertidos en convivencias, momentos de
pasillo, despacho, y este último curso todos hemos intentado ser Protagonistas de la Historia.
Es por ello que acudo a uno de mis
grandes referentes, a una de las personas más importantes en mi vida y quien ha
dejado una enorme huella en mí: mi padre. Una persona hecha a sí misma, capaz
de sortear todas y cada una de las dificultades que la vida le fue poniendo, y
luchar día tras día por la consecución de sus sueños.
Un hombre sencillo, humilde,
trabajador, familiar…como tantos hombres de la maravillosa huerta del Segura,
enamorados de su tierra, con olor a azahar, regados con escarcha y con duras
manos de abrir surcos, surcos de esperanza.
