Palabras dirigidas a mis alumnos de 2º de Bachillerato, en el Acto de de su graduación
Corría el año
2011 cuando por estas fechas recibía una comunicación por parte de D. Pablo
Balaguer, por entonces mi antecesor en la responsabilidad que actualmente
desempeño, la cual venía marcada por una fuerte carga de confianza: iba a ser
tutor de 2º ESO C. Una clase a la cual, por cierto, pertenecía muchos de los alumnos que hoy se gradúan. Imaginaos los miedos y las
preocupaciones que empezaron a rondar por mi cabeza, la de un joven que estaba
todavía “haciéndose”. Pero lo tenía claro: habían confiado en mí, y debía de responder
a esa llamada, con fidelidad y lealtad.
Puedo decir
que fue un curso maravilloso, lleno de apasionantes retos que superar, cientos
de pruebas y obstáculos que sortear, pero todo merecía la pena por contribuir
al crecimiento y madurez de aquellos 30 o 32 alumnos (cuestión que aun hoy está por dirimir). Iba a ser un sorprendente e
inusitado camino en una doble dirección, la mía y la de mis tutorandos, cuyo
punto de anclaje era la confianza. Se habían fiado de mí y me debía de entregar
por entero a esos pequeños deseosos de crecer y aprender. Pequeños y
¡alboratados!, bueno, más bien, con mucha vitalidad.
Hoy os veo, ya
crecidos, junto con otros compañeros que se han ido sumando a este gran
proyecto, con miles de ilusiones, con cientos de proyectos, con esa intención
clara de responder a vuestra llamada y de poner al servicio del mundo lo mejor
de vosotros, y me siento más que satisfecho y orgulloso de todo lo que hemos trabajado
para contribuir a formar a estos jóvenes íntegros.

